domingo, 9 de enero de 2011

Japón y México: La Reforma Del Estado.

Primera Parte.

El punto crucial del desarrollo histórico de Japón, fué la dominada Revolución de Meidji en 1868, su estudio y análisis no solo es "interesante", sino una referencia fundamental para comprender el problema actual de México.

No es posible creer que el “carácter” de los japoneses, de los alemanes o de los green-gos sea tal, que es inevitable que sean laboriosos y exitosos, sobre todo cuando se ha dado fenómenos en México como el de Doroteo Arango (a) Pancho Villa, pues este personaje de la historia patria es, en opinión de varios historiadores europeos como Rugiero Romano, "el carácter de México", a lo cual agregaríamos, el carácter de Árido América, ya que él era de Durango, en cambio el estilo e intereses de los lideres mesoamericanos como Emiliano Zapata, ha sido diferente.

Quizás, un cineasta diga que el prototipo sea Pedro Infante, nacido en Guamúchil, Sinaloa (Mesoamérica), quien también era fuerte y en algunas épocas pasó por proletario de honor, sin embargo, perfiló más la figura del borrachín llorón y mujeriego que la del nómada norteño, que decir de Juanga (Juan Gabriel).

Entre la reforma agraria de Japón y la de México, quizá lo único semejante fueron los deseos y propósitos, ya que quienes la hicieron, donde la hicieron, como la hicieron, y cuales fueron los resultados, son totalmente diferentes. Allá la impulsó una elite ilustrada, acá, pasó por el empuje de una revolución predominantemente campesina, no proletaria (urbana) como la soviética, no burguesa como la francesa, en todo caso una revolución campesinista, sin ilustración.

Allá, puros japoneses o japoneses puros, acá, como dijo el poeta, puros "hijos de la violación", que alude a la expresión "hijo de la conquista"; y por supuesto a la de "hijo de la Chingada"; nada nuevo, "el mejor gobierno es el de los más", (Davanzatti, Lecciones de la Moneda, Florencia, S. XVI), la solución fuimos, somos y creo seremos todos...


La Reforma de Meidji.

En la historia de Japón, se inició todo un período de reformas que modificaron considerablemente la situación en el país. A escasos 16 años de la llegada en 1853, de la escuadra norteamericana de Perry, coincidentemente con el fin del llamado período Tokugawa en 1868, se dictó un Decreto Imperial con el cual se puso fin a la fragmentación política, obligando a todos los señores feudales, shogunes y samurais (como los latifundistas y caciques del norte y sur de México), a poner a disposición del Mikado las tierras para su reparto entre los campesinos. En 1872, se implantó el servicio militar obligatorio, creándose un ejército regular al estilo francés.

Ya en 1868, habían sido suprimidos los gremios y las corporaciones de comerciantes; el capital japonés se empezaba a desembarazar de las trabas medievales.

En 1870, se proclamó la unificación de las leyes y la administración de justicia; luego en 1871, se estableció por Decreto la igualdad ante la ley de todos los súbditos del Mikado, se abatía la discriminación estamental. Paralelamente, se instauró la libertad en la elección de oficio o actividades; algo después, en 1872, quedó reconocida la libertad de comercio y de inmigración.

Los tributos en especie, fueron sustituidos por la tributación en dinero; para ello, constituyó un importante acontecimiento la implantación de un sistema monetario único. Hasta 1867, era tal la fragmentación política que circulaban 1,694 tipos de monedas distintas. En 1871, se fundó un sistema de correos similar al de Europa. Japón, inició sus relaciones internacionales con occidente sin restricción alguna, con el afán de aprovechar en todo lo posible los adelantos técnicos y científicos de otros países.

Más importante aún fue, la reforma agraria. Pese a todas sus limitaciones, representó la abolición del régimen feudal en la agricultura, concomitantemente con una explotación más racional de dicho sector; para ello, se utilizó la ficción de la propiedad estatal en el campo. Se invocó al "Código de Taiho-Río" (Siglo IX d.ne), según el cual, toda la tierra era de pertenencia del Mikado, precepto que fue utilizado para acabar con la propiedad feudal. La tierra, fue devuelta formalmente por los señores feudales al Emperador para su reparto, entre los campesinos. Se abrogó el derecho feudal sobre la tierra y sus habitantes.

La reforma agraria de 1872-1873, sancionó la propiedad privada del suelo y autorizó su compraventa, su hipoteca, etc. La tierra se hizo más accesible al capital. Como resultado de dicha reforma, los usufruactorios de las parcelas pasaron a ser, por herencia, dueños de ellas; sin embargo, su situación económica siguió siendo difícil: las fincas eran muy pequeñas y había que pagar por ellas un gran rescate, no contando ya con los pesados impuestos. Así se explica que, en lo sucesivo los campesinos perdiesen pronto su propiedad; tan sólo 10 años más tarde, el 70% de los labradores japoneses, eran ya, arrendatarios o semiarrendatarios.

Además, fue legitimada la expropiación de los arrendatarios, a los cuales no se les reconoció derecho de propiedad, aunque cultivaran la tierra. Por otra parte, los campesinos perdieron las parcelas hipotecadas; así pues, los usureros y los campesinos ricos legalizaron sus adquisiciones territoriales del periodo anterior.

Una consideración más directamente relevante en relación con la movilización de capital desde la agricultura, se refiere a la naturaleza del sistema precedente. En el período TOKUGAWA, ya existía un excedente agrícola sustancial, que era extraído del campesinado japonés por medio de un tributo o recaudación de tipo feudal, como la subraya Smith (Stanford, 1959). La cultura japonesa, en todo caso no se presenta como una cultura de subsistencia, producto de un ecosistema tropical húmedo tipo Brasil o como el de Mesoamérica, sino más bien como una cultura generadora de excedentes, propia de la observada en clima templado húmedo, a la altura de Europa o la parte Noreste de América, entre los EUA y Canadá.

Esta última consideración es relevante, en tanto que a pesar de lo elevado que fue la tasa de imposición sobre la Tierra (en el período Meidji), no representó un aumento considerable respecto del período TOKUGAWA. Casi al final de este período, el despojo realizado en la agricultura por la casta militar era inmenso, y lo único que hizo el gobierno Meidji fué dirigirlo por nuevos cauces; por lo tanto se logró la modernización a partir del ahorro interno fundamentalmente, sin reducir los niveles de vida rural e incluso, sin mermar el aumento ocurrido en la productividad.

Surgió todo un estrato de "nuevos terratenientes", que se convirtieron en baluarte del absolutismo en el campo japonés; así, uno de los puntos esenciales que habrían de explicarse, es el porqué? los dirigentes Meidji estaban preparados para actuar de manera tan revolucionaria, al restringir considerablemente los abultados pagos provenientes de ingresos corrientes, que iban a parar a la clase samurai.

A los samurais se les concedieron pensiones. En 1873, quedó abolido el subsidio del arroz, pero con una compensación de seis años, la mitad de las cuales se tomó en metálico y la otra mitad en especie al 8%; dádivas todavía mayores recibieron los príncipes, cuyos derechos sobre la tierra fueron reconocidos e indemnizados plenamente, mediante empréstitos internos. Los gastos llegaron a 174 millones de yenes; para las pensiones de los samurais y de los daymes, fueron invertidos 210 millones de yenes.

A pesar de las compensaciones, bajo la forma de bonos y efectivo, esta reforma Meidji fué comparable, en muchos aspectos, al “desposeimiento” de los hacendados, mediante un sistema de dotación y distribución de tierras a los campesinos. Este proceso se facilitó por el hecho de que los lazos directos que unían a la mayor parte de la aristocracia con la tierra ya habían sido desechos. El carácter revolucionario de muchas de las decisiones de los dirigentes Meidji, en retrospectiva, resulta no solo impresionante, sino algo sorprendente.


En 1873, el impuesto sobre la tierra fué establecido en dinero, elevándose a 3% del valor de la finca, algo así como el "impuesto de 2% al valor de los activos" en el México de los ochenta; sin embargo, el cálculo de dicho valor se exageró mucho, acrecentando la contribución. Establecido el impuesto en dinero, ahora había que pagarlo totalmente, incluso en caso de mala cosecha.

Grosso modo, parece haber consenso general, en lo que se refiere al papel estratégico que ha jugado el desarrollo agrícola en el crecimiento económico de Japón. Johnston ha destacado especialmente dos aspectos del papel cumplido por la agricultura, a saber:

El primer aspecto se refiere a que "el producto agrícola ha crecido con demandas sorprendentemente pequeñas de capital y divisas, recursos ambos muy escasos". Lo anterior, no parece extraño para la cultura de bambú, en tanto supone abundancia de agua y un clima templado, factores comunes a las economías excedentarias en expansión del siglo XIX y XX.

El segundo aspecto se refiere a que los aumentos de la productividad agrícola fueron de importancia capital, ya que posibilitaron aumentos en el ahorro y en la inversión, condiciones necesarias para la expansión industrial.

No ha existido, sin embargo, un consenso general, pasaré a citar dos de las voces disidentes. James Nakomura afirma “que los impresionantes aumentos en la productividad agrícola durante las década de 1880 a 1920, fueron en gran medida una ilusión estadística que refleja una gran subestimación en los primeros años del periodo analizado”.

Otra de las disensiones ha sido encabezado por Harry T. Oshima, quien no discrepa de los resultados obtenidos, pero afirma que el enfoque Japonés lleva consigo una carga excesiva por los dirigentes Meidji, quienes han exprimido en exceso a la agricultura, por su gran dependencia respecto de los productores de los impuestos utilizados en las primeras décadas del período Meidji (1868-1912).

Este último punto de vista, parecería semejante al período conocido en México como "El Porfiriato", que además, comprende más o menos la misma época, entre los japoneses, conocedores de la historia de su país y de la nuestra, es frecuente oir comentarios que pueden estar de acuerdo en que, los Meidji, representan la versión japonesa del "Porfiriato" o viceversa, la diferencia es que allá, generó un proceso revolucionario de desfeudalización, modernización y distribución del ingreso y acá uno de medievalización y concentración del ingreso que llevó a una revolución violenta.

Los japoneses entraron a un capitalismo de Estado con recursos propios en 1871, antes de que naciera John Maynard Keynes, ya eran Keynesianos, México lo hizo a partir de 1962, con recursos de crédito y con una cultura de subsistencia predominante, que implica un sesgo antiexportador, ello marcará la gran diferencia en los procesos y en los resultados.


Capitalismo de Estado

La gran confianza depositada por los dirigentes Meidji en la agricultura para sostener una parte desproporcionada del peso del desarrollo económico del país durante las primeras décadas del período moderno, parece haber sido una política consciente. Takao Tsuchiya, el historiador económico (Shangai 1941), resume esta política de la manera siguiente:

"La urgente necesidad de proteger e impulsar otras industrias, obligó al gobierno a imponer un fuerte impuesto sobre la tierra a la población agrícola, ello con el propósito de obtener los recursos necesarios, para llevar a cabo los programas de desarrollo industrial.

El programa gubernamental de expansión militar y su política de protección a la industria y al comercio, aumentaron las obligaciones de la comunidad rural y el desarrollo de las grandes industrias, se llevó a cabo a expensas del campo".

La resolución, por parte del gobierno y del pueblo japonés, de "asegurar primero la independencia y después el mayor desarrollo económico y militar posible para su país," fué desde luego, el factor fundamental que explica la determinación descrita por Tsuchiya.

Thomas C. Smith, introduce algunos factores "curiosos" en la búsqueda de una explicación del carácter especial de la "Revolución Aristocrática" japonesa. (Yale 1960/61).

El fenómeno curioso que ha de analizarse, es que en el Japón, la casta militar "no sólo renunció a sus privilegios, los suprimió. No hubo una revolución democrático-burguesa en el Japón, por la sencilla razón de que no fue necesaria. La propia aristocracia era revolucionaria".

Este cambio, en la "naturaleza" de la aristocracia, fue también fuertemente influido por el gran debilitamiento de los lazos que unían a la casta militar con la tierra, lazos que, excepción hecha de alrededor de 250 grandes señores (daymio), se hicieron meramente de carácter administrativo, desde el momento en que el sostenimiento del Samurai, se realizó bajo la forma de pagos provenientes de su señor, ya fuese en efectivo o en especie.

En un ensayo, en el que se compara la industrialización japonesa con la europea, David Landes (Nueva Jersey 1965), afirma así mismo, que la debilidad de los lazos de unión de la clase militar con la tierra, tuvo un efecto importante y favorable en el progreso económico.

"El Tokugawa, logró un éxito al separar al Samurai de la tierra, despojándole así del control autónomo que ejercía sobre los ingresos y la fuerza de trabajo". Los motivos y las consecuencias directas son de sobra conocidos... Pero, para nuestros propósitos, señala el señor Landes, lo que resulta de interés son las consecuencias indirectas e imprevistas:

La propiedad de la tierra, nunca fué un símbolo de distinción, por tanto, no tenía el atractivo de la riqueza como sucedió en Occidente y en Mesoamérica. De tal suerte que, cuando el Japón entró en la senda de la industrialización, los negociantes prósperos, sin importar su origen social, no creyeron necesario certificar su ascenso económico colocando una buena parte o toda su fortuna en bienes raíces, esto a todas luces es diferente tanto en la lengua náhuatl como en el español.

La Revolución Industrial, es un proceso histórico en el que se operan fundamentalmente, cambios en las fuentes de energía, tanto para tracción como para transformación. O sea, en lugar de utilizar fuentes de tipo animal o biótico, surgen fuentes de tipo simbiótico. Este proceso, en Japón, constituyó un acontecimiento importantísimo. Comenzó dicha revolución en los años 1850 a 1870, cuando aparecieron empresas de tipo fabril en una serie de ramas de la industria: la naviera, la siderúrgica y la textil. No sólo en Rusia y China, sino también en el Japón, la revolución industrial se inicio bajo la dominación del feudalismo.

A partir de 1868, el Japón entró decididamente en la industrialización capitalista. Bien es cierto, que en los primeros años subsiguientes a la supresión del sistema feudal, el capitalismo avanzó muy lentamente. Por eso, después de la "Revolución Meidji" el gobierno de los Samurais procedió a instaurar un "Capitalismo de Estado", explicando a la burguesía su misión histórica y exhortando a los prestamistas a orientarse a las actividades industriales, a construir ferrocarriles y barcos, a crear un sistema bancario, etc. En su importante libro, "El Fomento del Aprendizaje", Fukuzawa resume la actividad de los reformistas del Meidji, al subrayar el valor de la educación práctica, y caracterizar desdeñosamente al escolar tradicional, como "un hombre que ha penetrado profundamente en los clásicos y en la historia, pero no puede llevar a cabo una transacción de negocios; tales individuos no son más que diccionarios que consumen arroz, inútiles para su país y estorbos para su economía".

La generosa ayuda a la burguesía a expensas del ahorro forzoso del excedente obtenido por los campesinos, representó una especie de sacrificio expropiatorio de la "Revolución de Meidji", que dejó el poder en manos de los elementos feudales (Avdakov-Poliansky). Sin embargo, ello está en la base del desarrollo del Japón moderno, como lo puede ser seguramente en muchos otros países donde los militares, los terratenientes y los "intelectuales" son, para Gaetano Mosca, la fuente principal de la clase política.
















Continua...

JAPÓN y MÉXICO: LA REFORMA DEL ESTADO

27 de junio de 1990.

2a Parte y última

L
a propia lógica de los acontecimientos de 1868, impulsaba al gobierno a implantar ese "capitalismo de Estado". En el curso de la "Revolución", fueron confiscadas numerosas empresas industriales que pertenecían antes a la nobleza o a determinados príncipes. Esta herencia industrial, recibida de la época feudal, trató de utilizarla el gobierno para acelerar el desarrollo del capitalismo y la creación de la base industrial del "Nuevo Japón".

Sin embargo, hay que recordar que los miembros de una elite amenazada, pueden reaccionar en muy diversas formas; se han hecho varios intentos de explicar por que, la elite japonesa, incitada por un "conservadurismo ilustrado", reaccionó apropiadamente y con vigor, y porqué, los gobernantes de Japón, en varios niveles, demostraron capacidad para "ajustar su comportamiento individual", dentro de las grandes organizaciones privadas y públicas especializadas, que llevan a cabo, una multitud de funciones de las que depende el crecimiento económico moderno.

Con vistas a la modernización, contrató especialistas extranjeros, reestructuró sus empresas y modernizó el equipo técnico. El gobierno samurai, comenzó a levantar a expensas del erario, nuevos establecimientos: en la década de los ´70 se habían construido fábricas de ladrillos, de cemento, de tejidos de lana y de algodón, de azúcar, de jabón y otras, concediéndose así mismo, gran atención al incremento de la industria de la guerra, el financiamiento era en todo caso, con recursos propios, no de crédito externo.

En 1870, se fundaron fábricas de hilatura de seda (devanadoras), con arreglo a los tipos italianos y franceses. En 1880, pertenecían al Estado tres astilleros, cinco fábricas de material de guerra, diez yacimientos mineros, 52 fábricas distintas, 51 buques mercantes, 75 millas de ferrocarril y el sistema telegráfico del país. El montaje de fabricas y factorías a cargo del Estado, se consideraba una medida temporal.

En 1872, se permitió crear bancos de tipo europeo, incluso con derechos a la emisión de billetes. Desde 1876, hasta 1880, se fundaron 148 establecimientos bancarios nacionales con activa participación del gobierno. A los fabricantes privados, se les otorgaban generosos subsidios.

La importancia de la contribución de la agricultura, al financiamiento del desarrollo industrial de Japón, es suficientemente clara, no obstante, la falta de estadísticas concernientes a los flujos de capital privado a partir de la "Revolución Meidji" se financió con cargo a los contribuyentes y ante todo a expensas de los campesinos, que para entonces representaban 76.2% de la fuerza de trabajo total (Landes). A partir de 1873, el impuesto sobre la tierra se recaudaba inflexiblemente, siendo de notar que había aumentado su cuantía, proporcionando poco más de 80% de los ingresos gubernamentales para 1888-1892 y todavía en 1918-22 representaba alrededor de 40%; también habría que considerar, el esfuerzo y desarrollo de los sectores urbanos industriales, que habían hecho que la fuerza de trabajo del campo para 1930, fuera del orden de 47.7%. Con ayuda del sistema fiscal, el gobierno trasladaba el dinero de los contribuyentes al Tesoro público y de éste, a las arcas de las compañías capitalistas; así, se aceleró violentamente el proceso de acumulación originaria de capital, pués en ello consistía la misión principal de dicho "Capitalismo de Estado". En la financiación de este tipo de capitalismo, representaron un importante papel los empréstitos internos de la deuda pública, lo cual fue fundamentalmente con los Samurais y Daymes, a quienes se les quedaba a deber, por el avalúo de las tierras entregadas, ya que no les fueron liquidadas inmediatamente en muchos casos; por otro lado, la inversión gubernamental representó cerca de 30% de la formación interna bruta de capital fijo, en el período 1887-1936. (Rosovsky, Avdakov, Poliansky, este dato también lo corrobora Ranis 1959).

Por último, el 5 de enero de 1881, se dictó una ley transmitiendo a particulares las fábricas pertenecientes al gobierno, fueron vendidas diversas compañías o bien concedidas en usufructo (comodato), para ir saldando las deudas internas que tenía el Estado por la reforma agraria, fundamentalmente. Tenían prioridad en este tipo de operaciones los acreedores del gobierno, como -Mitsui, Sumitomo y Yasuda- quienes entre otras firmas, fueron favorecidas por el absolutismo japonés, en el inicio de este proceso de formación de capital. En el caso de México, en los años ‘80, a partir de la privatización de las empresas Paraestatales resultaron beneficiados entre otros, aquellos grupos y capitales que pudieron consolidarse después de la revolución mexicana de 1910-1920, entre ellos, los grupos de poder sindical, banqueros, turismo y telecomunicaciones, casas de bolsa, grupo constructor y el de la industria petrolera como pueden ser Grupo Serbo (Sergio Bolaños), Miguel Alemán, la Confederación de Trabajadores de México (grupo Atlacomulco); grupo industrial de Nuevo León, Ingenieros Civiles Asociados (ICA), TRIBASA, así como capitales del exterior, por medio de "swaps".

En los transportes el capitalismo de Estado Japonés, demostró una gran vitalidad. Desde el principio mismo, la construcción de ferrocarriles en Japón estuvo a cargo del Estado. En 1881, se constituyó una compañía ferroviaria, con un capital de 20 millones de yenes, a la que el gobierno proporcionó tierras y la garantía de una ganancia mínima de 8% durante 15 años. Pero la compañía había de permanecer bajo el control estatal. Sus actividades fueron fructíferas y en los 10 años siguientes aparecieron otras 15. Las líneas férreas comenzaron a construirse con ayuda de capitales privados. De tal modo que en 1906, se habían tendido ya dos terceras partes de las líneas que funcionan hoy en día en Japón. El principio "estatal" terminó imponiéndose: los ferrocarriles japoneses fueron nacionalizados en 1906, ante todo por consideraciones de tipo militar (Avdakov), como quizás lo han sido en todos los lugares en que se han nacionalizado.

La construcción de barcos de gran tonelaje, se inició en 1853, al abolirse las restricciones existentes respecto de esta industria. En lo sucesivo, el gobierno de la "época de Meidji" modernizó los astilleros y amplió las construcciones navales. En 1874, compró en el extranjero varios transatlánticos. En 1896, se dictó una ley especial, alentando la fabricación de buques: se concedía una prima por armar embarcaciones de casco de hierro de más de 700 toneladas (Avdakov).

En todo este proceso, aparte del financiamiento ya explicado donde contribuyentes y deuda pública interna fueron los pilares del financiamiento del desarrollo, se utilizaron a su vez capitales extranjeros como en casi todas partes, para las obras de los primeros ferrocarriles, así como para la nacionalización de éstos en 1906, también, se llevó a cabo con ayuda de capital extranjero, aunque en este caso, el “plato fuerte “, lo constituyó el ahorro interno..

De lo anterior, se desprende que los japoneses fueron keynesianos desde antes de que éste naciera, la diferencia fundamental con el caso de México son tres: la primera el clima, la humedad y el carácter excedentario de la cultura japonesa, la segunda es que la intervención en Japón fué predominantemente con recursos propios y la de México con recursos provenientes del ahorro externo, y la tercera la unidad racial y cultural del japonés, en cambio en México amén de la pluralidad étnica, existe un conflicto cultural entre Árido América, Mesoamérica alta y Mesoamérica baja, ello presenta una rica y variada pluralidad religioso-cultural en México, y hecho difícil la aparición y defensa de valores económicos que puedan soportar un desarrollo nacionalista.

El éxito del desarrollo agrícola japonés, fué resultado de una impresionante visión. Las decisiones de naturaleza a largo plazo, fueron tomadas al principio del período Meidji, es decir, las decisiones que condujeron a la creación de institutos agrícolas, centros de investigación y todas aquellas instituciones necesarias para la explotación del potencial existente en la economía rural japonesa, con el propósito de lograr aumentos "poco costosos" en la productividad y expandir la producción agrícola.

Por otro lado, R.P.Dore ha sugerido que los esfuerzos del gobierno Meidji por actuar como regulador del cambio político y social tuvieron significativos efectos favorables sobre el desarrollo económico. "La explotación autoritaria de la tradición, pospuso el establecimiento de la democracia liberal (sustituyéndola por el absolutismo), hasta que la industrialización y el desarrollo de la educación hubieron transformado suficientemente la base social, con lo que se abrieron buenas posibilidades de estabilidad a las instituciones democráticas".

Es clara la importancia de estas consideraciones acerca de la generación y movilización del capital. Debe haberlo facilitado, el que se pudiera mantener la pesada carga fiscal impuesta al campesinado japonés, carga, que se hizo incluso más onerosa, desde el momento en que las contribuciones feudales en especie fueron transformadas en obligaciones fijadas en términos monetarios. Así, una parte considerable del aumento en el producto nacional, proveniente del crecimiento de la productividad agrícola, quedó disponible para la formación de capital, en parte como resultado de la contribución directa de la agricultura vía el impuesto sobre la tierra, utilizada para financiar la inversión gubernamental y en parte, a través de la inversión privada financiada con los beneficios y ahorros incrementados de los terratenientes. En México, el ejido y más del 70%, de las explotaciones denominadas de pequeña propiedad son de subsistencia, o sea no excedentarias, por lo que no pagan impuestos sobre la renta y en la práctica, tampoco predial; el nivel de ahorro, del sector agropecuario no puede ser comparable con la dinámica japonesa.

El fortalecimiento de la educación, en todos sus niveles, fué importante por su influencia sobre aquellos que iban a convertirse en agricultores, así como, por el valor que representó, el entrenamiento recibido por la juventud rural, que iba a trasladarse hacia la industria, el comercio, los servicios y el gobierno.

Recordemos que la revolución industrial, acelera la formación del proletariado urbano y sus braceros; largas filas, como en los restantes países, fueron engrosadas principalmente por la incorporación de campesinos desahuciados.

En el "Nuevo Japón", el proceso de expropiación de los campesinos y artesanos había de traer consecuencias de tipo capitalista ascendente. De manera significativa, muchos de los técnicos agrícolas y otros profesionales dedicados a ésta actividad provenían del campo y estaban capacitados para iniciar su ascenso en la pirámide de la educación dentro de una escuela rural.

Particularmente notable fué el énfasis dado en Japón Meidji, al entrenamiento técnico y práctico. El prólogo al Código de Educación de 1872, expresa ese punto de vista de manera que parece ser un antecedente a las discusiones sobre inversión en capital humano, como pueden ser las proposiciones de Nurkze, Lewis, Lewenstein, etc. sobre inversión de recursos humanos y productividad de los años ´50 y ´60.

"Sólo después de aprender cuidadosamente y de acuerdo con su propia capacidad, cualquier hombre está preparado para aumentar sus posesiones y prosperar en sus negocios. De esta manera, el conocimiento puede considerarse como el capital para la superación personal".

Observamos entonces, como el número de obreros en 1900, no pasaba de 1’524,000 mientras que en 1914, eran ya del orden de 4 131,000. A ello, debemos añadir un nutrido contingente de oficiales jornaleros, rikchas y braceros. Tomada en conjunto la población proletaria constituía ya varios millones; la expropiación de los campesinos, solía dar lugar al aumento de la superpoblación y al rebosamiento de la sujeción por deudas. A las ciudades emigraban, como en Río de Janeiro, Sao Paulo, París, Nueva York o México en su mayor parte campesinos adolescentes, de ambos sexos. Ello repercutió en la estructura de la clase obrera. En 1900, el número de mujeres entre los trabajadores fabriles era de 256,000 y en 1924 de 554,000 (Avdakov). La explotación de la mano de obra femenina se extendía en Japón, más que en otros países, alcanzando también, proporciones extraordinarias, la "utilización" del trabajo infantil.

Una agencia especial, que se dedicaba a la contratación de niños y niñas entre los campesinos por un determinado plazo (compra virtual), suministraba obreros a las fábricas japonesas. La contratación, era de carácter precapitalista. Como no existía ninguna legislación laboral, los fabricantes esquilmaban a los trabajadores. La jornada duraba de 14 a 16 horas, el salario se mantenía a un nivel bajísimo; en 1913, oscilaba entre uno y dos yens al día, de acuerdo con la profesión de los obreros. (Avdakov).

Al respecto, en el primer cuarto de lo que va del siglo, Thorstein Veblen escribió un ensayo, que si lo enfrentamos a la descripción antes referida, nos daremos cuenta que la perspectiva del ruso Avdakov difiere diametralmente de este ángulo:

Thorstein Veblen cita así: "la oportunidad de Japón, en el que argüía, que la existencia de una población disciplinada, aún animada del espíritu feudal del viejo confusionismo, en combinación con la eficiencia material proporcionada por la tecnología moderna, daban al Japón una oportunidad, en la cual el gobierno debía arrojar sin reservas toda su fuerza disponible a una lucha temeraria, puesto que dada la naturaleza de la situación no podría esperarse una segunda oportunidad de este tipo".

En Japón para 1900, el analfabetismo era practicamente desconocido, motivo por el cual desaparecen esos contrastes culturales (rezagos), que hacen virtualmente "imposible una adecuada distribución del ingreso". (Ch. P. Kindleberger 1958).

Japón inició el siglo XX, con una oferta de trabajo excelente en calidad y en cantidad, y por otro lado, la agricultura demostró una habilidad magnífica, manifestándose como un "sector de autoempleo" y altamente productivo con demandas sorprendentemente ahorradas de capital y divisas.

Está comprobado que entre 1897 y 1912, los capitalistas de las empresas industriales aumentaron de 105´ 300,000 de yenes a 667´000,000 vale decir en más de seis veces. Se elevó el número de sociedades anónimas: en 1913, el capital de las mismas alcanzaba a 1,938 millones de yenes. Cobró rápido incremento el capital bancario: en 1897, se evaluaba en 208´200,000 yenes, y en 1912, en 570´400,000, mientras tanto, México, sufría el embate del capital norteamericano por la dependencia tecnológica y de una revolución por problemas políticos entre las culturas, sociedades y lideres de Aridoamérica y de Mesoamérica.

Estas cifras, demuestran más o menos cual fué la amplitud y el alcance de la fase inicial del desarrollo económico japonés por la senda del capitalismo, en relación con la movilización de capital y su acumulación, tanto por los organismos financieros, como por la maquinaria gubernamental.

Esta acumulación, trajo consecuencias en la interacción entre el crecimiento agrícola y el industrial, que parece haber sido de particular importancia para el "sector" agrícola y el desarrollo japonés en su conjunto, que lo hacen ser muy constante con el desarrollo económico de México, podemos destacar:

1) La expansión del mercado para compras en efectivo de productos agrícolas, al aumentar la parte de la población dependiente de alimentos comprados.

2) El mayor uso de insumos, comprados por una cultura de agricultores excedentarios, que reflejaron la disponibilidad de insumos nuevos y mejores (tales como fertilizantes, arados modernos, trilladoras de pedal, insecticidas, láminas de nylon para viveros cubiertos y tractores pequeños), así como el mayor ingreso monetario que hizo posible tales compras y.

3) El aumento de las oportunidades de empleo no agrícola en éstas condiciones, explica que haya sido suficiente, como para absorber el crecimiento natural de la fuerza de trabajo y ha hecho posible recientemente, la reducción de la magnitud absoluta de la fuerza de trabajo agrícola. Hablar por último, de la capacidad de absorción de trabajo; ya que es muy pertinente el hecho de que, en un modelo de dos sectores no se ha hecho la suficiente justicia al modelo global de desarrollo de Japón, porque el sector no agrícola ha tenido en sí mismo un "carácter dual"; así, Kazushi Ohkawa (Iowa 1964) distingue entre un "sector moderno" caracterizado por grandes empresas, con relaciones capital-trabajo relativamente altas y tasas de salarios comparativamente altas, y un sector "semi-moderno" formado por numerosas unidades en pequeña escala, que usan montos de capital relativamente bajos y pagan salarios, solo un poco superiores a los ingresos medios de la población rural. Lo que es más, muchas de estas pequeñas unidades son talleres familiares y hasta cierto punto, representan un "sector de autoempleo". No se refiere a un sector tradicional de subsistencia, por la sencilla razón que no existe ello dentro del patrón cultural japonés, en cambio, es el dominante en el medio rural de Mesoamérica,

Sin haber agotado el tema, incluso en este breve lapso (1868- 1912), creo que lo aquí expuesto, ilustra como se ha ido desarrollando Japón y la importancia temporal de la intervención del Estado en materia económica, importancia que se subraya por haberlo realizado sin prácticamente endeudamiento externo, donde destaca la gran contribución de un agro excedentario y el sector de autoempleo al financiamiento del desarrollo.

Es notable, la gran unidad política que guió el camino japonés en la senda de la industrialización capitalista. Sin embargo, estoy convencido de que el carácter excedentario de la agricultura japonesa, fué el quid para que la política impositiva "funcionara".

El lector podrá llegar a sus propias conclusiones a encontrar semejanzas y diferencias con el proceso de modernización en México; sin embargo, las mías son en relación a la cuestión agraria, ya que: los japoneses, en relativamente poco tiempo cambiaron la tierra del orden feudal, para que en sólo 10 años 70% de los labriegos y agricultores perdieran sus tierras y fueran prácticamente absorbidas por los más fuertes, aptos y/o productores excedentarios en calidad de arrendatarios o semiarrendatarios, entrando así en un nuevo orden de desarrollo agrícola moderno. Ese proceso de modernización, está a más de un siglo de distancia del orden feudal y/o precapitalista, que prevalece en aproximadamente 140 millones de hectáreas ejidales y de pequeños propietarios en el México de 1990, soportado por un orden legal anacrónico como es el Artículo 27 Constitucional y el 52 de la Ley de Reforma Agraria, así como aspectos culturales de subsistencia propios de Mesoamérica.

Dentro de las recientes relaciones bilaterales México-Japón, éste país ha ofrecido a México créditos al 2.5% a 25 años, ello es saludable, sobre todo si se aplican en los términos de la Ley de Deuda Pública de 1975, o sea, que sean "recursos complementarios de proyectos productivos, que generen sus propios medios de pago", pues si los proyectos, no son auto liquidables y van a dejar los pagos de los vencimientos de largo plazo al "multiplicador de inversión", quizá no abra la puerta a la hora del pago nadie más que la Tesorería de la Federación y no haya gran diferencia con los resultados entre 1960 y 1976, de la "Alianza para el Progreso " con Estados Unidos, que también tenía una tecnología de vanguardia y tasas de interés muy bajas, pese a ello, toda América Latina entró en crisis fiscal y de pagos desde 1973, con Chile y Argentina en 1975; por lo que respecta a México, en 1983, de no haberse sacado la lotería de los precios del petróleo entre 1975 y 1982, hubiese entrado en el Programa Inmediato de Reordenación Económica (PIRE) seguramente desde 1974.

1 comentario:

  1. No preocupa la elección. Las campañas son las graves. La delincuencia está eligiendo y eliminando a los aspirantes.

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Muchas Gracias por los comentarios, si es posible,. les contestaré. Al